lunes, 15 de agosto de 2016

Me gustabas, claro.
Pero no podía mirarte a los ojos porque soy tímida,
ni podía mirarte al cuerpo porque me ponía aún más nerviosa,
ni podía mirarte a las manos porque no paraban de moverse,
ni podía mirarte a la boca porque me daban ganas de morderla al instante.

Así que dejé de mirarte directamente, y así fue como empecé a verte por dentro.
Y pasé de que me gustaras a estar enamorada hasta las trancas.